A pesar del ímpetu inicial de
la idea de la ciencia en los matemáticos, ingenieros y filósofos
griegos, y después de la obra de Platón, los griegos se sienten más
atraídos por la Filosofía Moral que por la Filosofía Natural.
Después del neoplatonismo, cerca del 250, hasta 1200 de nuestra era,
los europeos se rigen casi exclusivamente por la Filosofía
Moral,
específicamente por la Teología.
En 1250, Tomas de Aquino crea el «tomismo», basado en los
principios aristotélicos, el cual se convirtió en la base de la
teología de la iglesia católica, y con ello crea una línea de
pensamiento en la que la creación del conocimiento está relacionada
con el concepto de Dios y sus preceptos.
No obstante, los
descubrimientos científicos y el diseño de artefactos continúan
durante la Edad Media. A partir del siglo XV las ideas aristotélicas
sufren menoscabo (García, 2004). La idea de Aristóteles de que los
cuerpos más pesados caen más rápido es refutada por Galileo quien
demuestra que los objetos ligeros tienen dificultad de desplazar el
aire y que en el vacío los cuerpos caen a la misma velocidad,
observación que es demostrada con los experimentos en la superficie
de la Luna (Asimov, 2003).
Con este trabajo de Galileo
comienza a nacer la ciencia
experimental y a
decaer la ciencia
basada en axiomas.
Comienzan también a establecerse los paradigmas
en la ciencia, término introducido después por Lichtenberg
en el siglo XVIII, usado en el siglo XX por
Wittgenstein y definido por Kunt como «un modelo o patrón aceptado
por los científicos de una determinada época, que normalmente ha
llegado a ser vigente tras imponerse a otros paradigmas rivales»
(Echeverría, 1989).
Muere entonces debido a
Galileo el paradigma aristotélico del movimiento de los cuerpos.
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| Paradigmas |
En 1492 Cristóbal Colón
descubre América y la noción de la redondez de la Tierra
revoluciona la filosofía y la ciencia. A partir del siglo XVI el
hombre hace grandes descubrimientos acerca de la Tierra y de los
cielos. Nicolás Copérnico
pone
fin a otro paradigma:
el cálculo ptolemaico
de las posiciones planetarias, escrito por Claudio Ptolomeo en 150 d.
C.; creando, a su vez, uno nuevo, al publicar, en 1543, su obra
Revolutionibus
Orbium Caelestium, en
la que expone
su teoría de
los cuerpos celestes en el que la Tierra gira alrededor del Sol,
dándole la razón siglos después a Aristarco de Samos, astrónomo
griego, quien ya había supuesto que los eclipses lunares eran debido
a que la Tierra se interponía entre el Sol y la Luna y había
supuesto que la Tierra giraba alrededor del Sol (Asimov,
1987) (p. 13).
Posteriormente, según García
(2004), en el siglo XVII, la Filosofía
Natural, entendida
esta, desde el punto de vista aristotélico, como la
ciencia de todas las cosas,
experimenta un gran momento con la publicación del libro de Isaac
Newton: Principios
matemáticos de la Filosofía Natural.
A pesar del título de esta publicación tan importante en la
historia de la física, a partir del siglo XVIII, la diferencia entre
filosofía y ciencia comienza a distinguirse. La división inicial de
la filosofía en Filosofía Moral y Filosofía Natural, se convierte
en la Europa Medieval en Teología y Filosofía; y, posteriormente,
de la llamada Filosofía Natural se desprenden diversas disciplinas
científicas como la física, las matemáticas, la astronomía, la
química y otras.
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| Sir Isaac Newton |
Después de la Publicación de
la mencionada obra de Newton, la filosofía comienza a desarrollarse
al servicio de la ciencia. Por ejemplo, cuando Kant, filósofo nacido
en la Prusia oriental del siglo XVIII, habla de conocimiento, se
refiere específicamente a una ciencia físico-matemática de la
naturaleza vista tal
como Newton lo ha establecido
(García, 2004) ( p. 251). Kant muestra también que la ciencia está
constituida, no por juicios analíticos, sino por juicios
sintéticos a priori;
es decir, universales y necesarios (García, 2004) (p. 257)



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