Bajo estas tendencias, la
sociología de la ciencia propone que
el sujeto de la ciencia es la sociedad
y que la sociología acepta como conocimiento científico aquello
que la sociedad ha aceptado como creencia,
confiadamente (Echeverría, 1989). Además, la sociología de la
ciencia se reconoce a sí misma como ciencia, capaz de explicar las
peculiaridades del mundo científico.
La sociología estudia al
científico y su lugar de trabajo (laboratorio), sus publicaciones y
sus efectos en la sociedad. Según los sociólogos Latour y Woolgar,
citados por Echeverría (1989), el laboratorio es un sistema de
construcción de hechos y esa construcción siempre
es social.
Afirman, además, que los contenidos de la ciencia se constituyen de
fenómenos
microsociales
que tienen lugar en el laboratorio. De igual manera, los
etnometodólogos parten de la idea de que la ciencia es una actividad
humana que en poco difiere de las prácticas sociales. La
ciencia, entonces, puede ser vista como una práctica social.
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| Innovaciones en la electrónica |
La sociología de la ciencia
también se interesa en la manera en cómo los científicos reciben
las propuestas de unos y otros equipos de investigadores. Esta
interacción, según el programa empírico del relativismo, es una
construcción
social, pues se
basa en la argumentación
retórica (Echeverría,
1989); ésta, en
algunos casos puede dar pie a controversias que dependen en último
término del poder respectivo de los grupos rivales. Es en este
momento de la interacción entre investigadores y científicos cuando
nacen o mueren paradigmas científicos existentes.
Reichenbach propone
inicialmente dos contextos para la ciencia, los cuales son:
descubrimiento y justificación. El surgimiento de la tecnología
hace necesario la inclusión de nuevos contextos. La evolución en la
sociología de la ciencia la ha llevado a distinguir, no sólo dos
contextos, como los propuestos por Reichenbach,
sino cuatro
contextos de la actividad tecnocientífica:
el contexto de la educación, el cual incluye la educación y
difusión de la ciencia; el contexto de la innovación; el contexto
de la evaluación o de la valoración y el contexto de la aplicación.
En el contexto de la
educación, uno de los objetivos principales es que los estudiantes
adquieran las representaciones mentales adecuadas de conocimientos
científicos previos. Esta adquisición nunca es una actividad
individual, sino que está profundamente mediatizada por la sociedad.
En este contexto se incluye la difusión de los conocimientos
científicos a través de revistas, videos, programas de radio y
televisión, colecciones de libros, imágenes tecnocientíficas, etc.
Es esta labor de divulgación la que genera la imagen
social de la investigación,
de las teorías y del progreso científico.
La axiología de la educación
de la ciencia se basa en el orden,
la claridad, la capacidad formativa, la potenciación del espíritu
crítico, etc. La
práctica científica guarda como valor la comunicabilidad
de los contenidos científicos a cualquier ser humano, la
consideración de la ciencia como un bien público de toda la
humanidad; incluye la universalidad
o cosmopolitismo
de los contenidos científicos, o, lo que es lo mismo, que estos sean
enseñados a cualquiera en cualquier lengua. Por consiguiente, la
ciencia es translingüística y transcultural (Echeverría, 1989).
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| Innovación en la computación. |
Un segundo ámbito lo
constituye el contexto de descubrimiento, al cual hay que añadir, si
queremos estudiar la tecnología actual, la función de la
innovación. El escenario de este segundo ámbito es el laboratorio,
en el que se realiza la producción de conocimiento científico o se
producen nuevos artefactos. La axiología en este contexto se apega a
la generalidad,
la coherencia,
la consistencia,
la validez,
la verosimilitud
y la fecundidad,
de tal forma que la innovación sea considerada científica. La
objetividad,
entendida a la manera de Popper como intersubjetividad,
es un criterio axiológico nuclear del conocimiento y de la praxis
científica. La innovación debe poder ser reproducida por personas o
grupos diferentes a aquellos que la propusieron, por lo que no basta
con que el científico comunique sus resultados, debe decir cómo
llevó a cabo sus experimentos, de tal manera que estos puedan ser
repetidos y confirmados. La innovación también debe tener
utilidad,
ya sea teórica o práctica. Otro criterio valorativo es la
honestidad,
que implica la no apropiación de descubrimientos o invenciones
ajenas. Se le agrega otro valor: la competencia
en el uso de instrumentos científicos como criterio para la
valoración de la praxis científica, puesto que es un indicador de
la fiabilidad o credibilidad de los científicos y sus propuestas.
Un debate en la axiología de la ciencia aparece al confrontar dos
criterios de valoración: la
libertad de investigación y el control social.
El elegir a uno como núcleo axiológico y al otro como un valor
periférico da lugar a políticas de investigación estrictamente
opuestas.
El tercer contexto incluye la
valoración o evaluación de la actividad tecnocientífica, no sólo
la justificación. Las innovaciones son valoradas en función de su
viabilidad,
de su aplicabilidad,
de su competitividad
frente a propuestas alternativas y en función de su utilidad.
Se busca que la innovación sea nueva y sorprendente. La aceptación
de estas innovaciones está fuertemente mediatizada por la sociedad.
Los Congresos, las Sociedades Científicas, las revistas
especializadas, los manuales y libros de texto son, por supuesto,
expresiones paradigmáticas de este contexto. La habilidad retórica,
la adecuada presentación de la tecnología, la capacidad
argumentativa y la persuasiva, e incluso ciertas técnicas de
marketing y relaciones públicas constituyen con frecuencia variables
decisivas para el éxito de una u otra propuesta.
El último contexto es la
aplicación de la innovación científica. La ciencia se muestra
particularmente activa a la hora de ser aplicada para modificar,
transformar, mejorar el medio, el entorno, el mundo y la realidad. El
criterio de valor más importante en este contexto probablemente sea
el it
works
(funciona), pero cabe agregar muchos, desde la rentabilidad económica
hasta la utilidad social, pasando por la propia capacidad
transformadora de la propuesta tecnocientífica. La política y la
gestión científica son aquí fundamentales; pero la
propia sociedad introduce sus propios criterios de aceptación de la
actividad tecnocientífica, que
se ve en este contexto expuesta a un juicio global, externo a la
comunidad tecnocientífica (Echeverría, 1989).
En este contexto, al igual que
en el contexto de educación, la
ciencia vuelve a ser una forma de cultura,
aunque su modo de inserción no tiene que ser exclusivamente
lingüístico; las imágenes, los artefactos, los aparatos y la
capacidad para resolver problemas sociales e individuales pasan a ser
la forma de implantación de la tecnociencia en la cultura. Un
ejemplo de ello se encuentra en el uso masivo de celulares y sus
aplicaciones electrónicas (programas, videojuegos en línea, redes
sociales), los cuales se han convertido en una forma de cultura que
se sustenta en la necesidad de las personas de comunicarse y
entretenerse.
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| Innovaciones en la guerra |
La utilidad
pública
o
privada
de las innovaciones científicas son el núcleo axiológico del
contexto de aplicación. Se incluye en este valor los beneficios y
daños sociales que puede producir la innovación, así como los
beneficios y pérdidas económicas que los procesos de innovación
suelen ocasionar entre empresas y ramas de la industria. Otros
valores importantes en este contexto son la eficacia,
el principio
de
lo
mejor
o la búsqueda
por
mejorar,
pero principalmente tiene como valor la rentabilidad
y el impacto
social (Echeverría,
1989).
La mejora
económica se ha
convertido en un criterio axiológico de tal peso en la aplicación
científica que algunas innovaciones científicas son patentadas
inmediatamente, incluso antes de publicar el conocimiento científico,
con lo que se ha incrementado la tendencia hacia la privatización de
la ciencia o hacia el secretismo.
La aplicación de las
innovaciones tecnocientíficas en la actividad militar es una de las
causas de la crisis
de valores en este
contexto. Las innovaciones militares o armamento cuyo valor se mide,
en muchos casos, por su capacidad
destructiva,
da lugar a una transmutación de valores en este ámbito. Aunque esta
crisis, según Echeverría (1989), no es epistemológica sino de
práctica.
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| Innovaciones en la guerra |
Estos cuatro contextos:
educación, innovación, evaluación y aplicación interactúan entre
sí. La ciencia avanza a partir de esta interacción que hace que
cada contexto influya en cualquiera de los otros tres.




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